Tuesday, March 11, 2008

El Nuevo disco de NIN


Trent Reznor: amado, odiado pero de ningún modo invisible. Después de que Radiohead le diera una patada en el culo a las disqueras con el lanzamiento de In Rainbows, ahora le tocó el turno a Nine Inch Nails, quienes después de una campaña en contra de todo lo que oliera a disqueras y contratos, han puesto este como su primera grabación bajo una licencia Creative Commons, lo que permite compartirlas y editarlas sin rollo, pero no para usos comerciales. Siguiendo el esquema de sus trabajos anteriores en lo que se refiere a nombrarlos con el término HALO este sería el HALO 26, siendo lo primero que impresiona la cantidad de formatos para los cuales el disco fue puesto a la disposición de los fanáticos.

Musicalmente hablando, hay que hacer la salvedad de que el disco (el completo) son 36 tracks instrumentales los cuales están divididos en 4 volúmenes de 9 tracks cada uno. Al oírlos, se da uno cuenta que es una continuidad a lo comenzadocon “Year Zero”, ya que al parecer aquí no se trata de construir temas en el concepto tradicional de lo que sería una canción, sino más bien de crear ambientes a través de múltiples capas de sonidos, y con un estilo de composición si se quiere progresivo, dejando un poco la dureza y rabia de sus anteriores trabajo en pos de una evolución musical que ya parece marca de fábrica.


El disco comienza con el track 1 del volumen I, el cual a través de un simple piano y arreglos ambientales, va poco a poco construyendo una atmosfera lúgubre que persiste en todo el disco. El track 4 trae un poco del NIN guitarrero que tanto conocemos, el cual junto a una tranquila batería, sale un poco del esquema ambiental que trae el disco en general. El track 7 y el 14 parecen directamente sacados del “Year Zero”, con guitarras procesadas y acompañadas de efectos que le sirven de trasfondo. El número 16 trae un sonido electro más acorde con los primeros discos de Reznor como NIN. Con el 22 pareciera tomarseun respiro al ofrecer una melodía alegre y marchosa a la vez, volviendo con el 26 a meter más fuerza guitarrera. Con el 32 el ambiente se hace algo intrigante, digno para soundtrack de algún thriller, cerrando en el 36 de la misma forma como comenzó, y dejándonos con la duda si lo que oímos fue real o lo imaginamos, para bien o para mal.

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